- La parroquia celebra este domingo una misa presidida por el arzobispo de Santiago en recuerdo de su gran benefactor y del templo que ayudó a reconstruir hace cien años
Cornazo se vestirá de gala este domingo 15 de junio para celebrar una jornada muy especial. La parroquia vilagarciana conmemora el centenario de su iglesia parroquial, inaugurada en 1925, y lo hará con una misa solemne presidida por el arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto. Pero la cita tendrá también un profundo componente de memoria y gratitud: se rendirá homenaje a Agustín Romero, el gran benefactor sin cuya generosidad no se entendería el actual templo ni muchas otras mejoras que aún hoy marcan la vida del lugar.
El acto, organizado por el consejo pastoral de San Pedro de Cornazo y el sacerdote Manuel Couceiro Cachaldora, comenzará a las 19.00 horas y será, además de religioso, un reconocimiento al legado de un hombre que dedicó su fortuna al bienestar de su tierra natal tras hacer fortuna en América.
Un emigrante con alma de mecenas
Nacido en 1846 en Cornazo, Agustín Romero emigró con solo doce años a Uruguay, donde trabajó junto a familiares ya asentados. Su esfuerzo y visión le llevaron a lo más alto del panorama económico y social del país sudamericano: fue presidente de la Cámara de Comercio de Montevideo y su hijo contrajo matrimonio con una hija del entonces presidente de la República, Máximo Tajes.
Pero Romero nunca olvidó sus raíces. En 1917 regresó a Vilagarcía para quedarse y, desde entonces, volcó buena parte de su riqueza en mejorar la vida de sus vecinos. Una de sus actuaciones más emblemáticas fue la financiación de la reconstrucción de la iglesia parroquial de Cornazo, que en aquel entonces era un edificio pequeño y precario. El nuevo templo fue inaugurado el 14 de junio de 1925 en un acto multitudinario que marcó un antes y un después para la comunidad.
Legado tangible y emocional
Además de la iglesia, Agustín Romero impulsó la creación de una red de caminos, una escuela con capacidad para cien alumnos —evitando así que los niños tuvieran que caminar hasta Vilagarcía—, una traída de aguas desde el monte Lobeira y la ampliación del cementerio. También fundó la agrupación local de la Cruz Roja y levantó viviendas para familias necesitadas.
Falleció en enero de 1929 y, cumpliendo su última voluntad, fue enterrado en la iglesia que él mismo ayudó a construir, con el sepulcro orientado hacia América, símbolo del vínculo que siempre mantuvo con la tierra que lo vio prosperar.
Hoy, su figura sigue presente en el día a día de Cornazo: da nombre a la avenida que sube desde el centro de Vilagarcía, su casa aún permanece en pie a escasos metros del templo, y un busto en la entrada de la iglesia recuerda su figura.
Este domingo, en el centenario del templo, los vecinos volverán a pronunciar su nombre con gratitud. Porque, un siglo después, Cornazo sigue viviendo del legado de Agustín Romero.






