Ante un Estadio Olímpico entregado, León XIV convierte la Vigilia de Barcelona en una llamada a la reconciliación y al sentido profundo de la vida. “Somos mendigos de amor”, afirma el Papa en una de las imágenes más potentes de su viaje a España.
Barcelona, ciudad bulliciosa, no se detiene. A las 16:00hs abrían oficialmente las puertas y a las 16:00hs efectivamente abrieron. Extraña puntualidad en la Vigilia de oración del Santo Padre en el Estadio Olímpico Lluís Companys, primer acto multitudinario de León XIV en su parada catalana. Si en Madrid las filas infinitas se iban confundiendo entre sectores –uno ya no sabía si esperaba para pasar a un baño portátil o para acceder a la tribuna correspondiente–, los fieles barceloneses se han mostrado insospechadamente disciplinados. Cada uno en su sitio, sin grandes ruidos ni alborotos, la Ciudad Condal ha esperado durante horas al pontífice.
El aspecto colorido del Estadio Olímpico quedaba teñido por una marea de estandartes blancos y amarillos. Es verdad: en el Lluís Companys se han visto pocas banderas de España, pero casi ninguna senyera catalana: el éxito ha sido de las banderas vaticanas. Uno grupo de jóvenes parroquianos las vendían en las inmediaciones de Montjuïc, quién sabe si para sufragar tal peregrinación de verano. Lo hemos hecho todos. Así, a un estadio ontológicamente vaticanista –sus asientos son blancos y sus escaleras, amarillas– se ha sumado la fiebre leonina, que lleva cuadro días inoculada en Madrid y este martes se ha trasladado a Cataluña. La euforia por el Papa iba dentro de ese vuelo de Iberia que lo ha traído hasta Barcelona.
La espera de 40.000 peregrinos
A las 17:15hs los sectores parecían tímidamente llenos, esto es, esperando el colapso definitivo. Barcelona, ciudad bulliciosa, no se detiene. 40.000 fieles eran los convocados a esta Vigilia de oración con el Santo Padre. Uno de los más pequeños ha sido Bosco, que con 3 años esperaba pacientemente al Papa. ¿Y qué espera Nacho de León XIV? «Li ho està pensant», contesta su madre. Bosco solo dice estar «muy contento» y todavía no sabe exactamente por qué.
También sonreía Gabriel, de 9 años, que nació con microcefalia y ha venido a ver a León XIV sentado en un carrito. Sus padres cuentan emocionados que son inmigrantes venezolanos y llegaron a Barcelona hace apenas diez meses. ¿Su motivo para estar en este Estadio Olímpico? «Esperamos un milagro», comenta su padre, y Gabriel asiente con un «sí» rotundo. Como Bosco y como Gabriel esta tarde se ha tejido en Barcelona una red de historias y rostros concretos que se esperanzaban a medida que pasaba la tarde. Son las historias de una vida entera esperando.
Con algo de música de ambientación, y esperando al comienzo del preacto, me encuentro con las hermanas del Instituto del Verbo Encarnado. Su hábito es inconfundible: un azul como de electricista, un gris como de sacerdote postconciliar. En ellas ambas estridencias se armonizan, porque su uniforme todavía no ha logrado llamar la atención más que su sonrisa. ¿Qué esperan unas misioneras de un pontífice misionero? «Sus palabras se dirigen a toda alma que quiera seguir a Cristo», dice una de ellas. Pidiendo al Papa el celo apostólico que le corresponde –«si no nos anima él, ¿quién nos animará?», se interrogan–, estas hermanas han aprovechado para dejar un recado: «Todos tenemos que ser misioneros. Eso significa querer más almas en Gracia y más Gracia en cada alma».
Entre rumbas, castellers y alabanzas
Pasadas las seis de la tarde, a eso de las 18:09hs, ha arrancado la música en directo con diez minutos de ‘worship’, que es la música de alabanza inventada hace décadas a miles de kilómetros de esta España nuestra pero que poco a poco se ha ido haciendo propia. La migración también puede ser musical. No hay parroquia en la diócesis de Barcelona en la que no haya sonado alguno de estos temas, generalmente calmados, de letras bíblicas, y mayoritariamente en inglés. Sobre el escenario aterrizaba Babel. La duda era legítima: ¿escucharíamos algo en latín?
La disposición de la tarima, abarrotada de familias, jóvenes y parroquias, recordaba aquella certeza evangélica: los últimos serán los primeros. En las primerísimas filas del césped, cubierto por una moqueta para la ocasión, esperaban al Santo Padre los enfermos del Padre Cottolengo, junto a los voluntarios que los cuidan. Y una estampa preciosa: el interminable séquito de obispos que acompañan al Papa en cada evento entraban junto a estos enfermos, y se prodigaban en besos, saludos y bendiciones cariñosas. Es la debilidad del pastor por sus ovejas.
También delante del todo ocupaban sus asientos algunos peregrinos con discapacidad. La traducción simultánea para sordomudos, con un completísimo lenguaje de signos, venía de la mano de un joven sacerdote, que traducía hasta las marchosas canciones. Uno ya no sabe cuándo bailaba y cuándo ponía gestos al discurso de los presentadores. A las 18:37hs se las apañaba con ingenio para traducir la rumba catalana que ha llenado el Lluís Companys de marcha y salero. Poco antes de las 19:00hs hablaba Maite Gaudí, familiar del genial arquitecto, sobre su bendecida memoria, que en forma de catedral cobrará un protagonismo merecido durante la Visita Apostólica. No en vano los presentadores recordaban el acto de mañana, central en el itinerario barcelonés: León XIV bendecirá la Torre de Jesucristo.
Poco después de las canciones de Conchita, que han suscitado un ánimo renovado entre los peregrinos –aunque ha soplado el aire, algunos ocupaban sus asientos desde las 16:00hs–, ha sido Beret el culpable de enloquecer al público del Lluís Companys con su tema ‘Lo siento’. Ante la atenta mirada de la talla de la Virgen de Monserrat, estratégicamente colocada en el escenario, entraba entonces Salvador Illa, presidente de la Generalitat. Y como en esos tapices de los palacios, perfectamente hilvanados por la cara pero absolutamente indescifrables por su reverso, quedaba la Iglesia universal hoy en Barcelona: del cardenal Cristóbal López Romero al líder político Oriol Junqueras, de los enfermos del Padre Cottolengo a los rumberos catalanes. Hilos de colores de un bellísimo tapiz inexplicable.
Con la canción ‘Superhéroes’, que Beret y Mr. Rain compusieron para alertar sobre la salud mental entre los jóvenes, y que interpretaron frente al Papa Francisco en noviembre de 2023, el ánimo ha terminado de estallar. Álvaro Soler y Alfred García han rematado el delirio del estadio. Quedaba menos de media hora para la entrada de León XIV. Así como la elección del Papa la anunció la fumata blanca, es el cardenal Pietro Parolin quien anuncia con su llegada la del Santo Padre. Aquello de San Juan Bautista: «El que viene detrás de mí es más fuerte que yo». Sabemos además que el Papa juega iba al gimnasio, juega al tenis y monta a caballo.
El catedrático de la Universidad Ramón Llull, Francesc Torralba, ha puesto una última nota antes de la llegada del Santo Padre. En su breve intervención, ha pedido «edificar la civilización del amor, que es algo posible, no somos ilusos». León XIV aparecía en las pantallas, ya en las inmediaciones del estadio, y los nervios se volvían escándalo. Barcelona, ciudad bulliciosa, no se detiene. Siloé ocupaba entonces el escenario para interpretar su famosa canción ‘Todos los besos’. Y antes de la hora que figuraba en el programa oficial, han comenzado los acordes de ‘Alzo la mirada’, himno oficial de la Visita. León XIV estaba entrando en el Estadio Olímpico.
Una bienvenida emocionante
La de Montjuïc ha sido la bienvenida más emotiva de lo que llevamos de Viaje Apostólico. Hay celebraciones para todos los gustos, claro, pero su recorrido por el estadio, que se ha prolongado durante más de veinte minutos, quedará para el recuerdo del coso barcelonés. Aunque el séquito papal ya muestra síntomas de cansancio, los 40.000 fieles reunidos han mostrado una euforia novedosa. Llevan días, semanas y años esperando al Santo Padre. Al ritmo de la gralla –ese híbrido catalán entre el oboe y la chirimía–, los famosos castellers de Vilafranca han construido un castell imponente. A la primera, encaramado hacia el cielo, han erigido su torre humana ante el estruendo de los aplausos.
En su bienvenida, el cardenal Juan José Omella ha concretado la alegría de todo un estadio: «Estamos realmente felices y agradecidos. Esta es la juventud del Papa. Juventud acumulada, juventud del presente y juventud del futuro». Consciente del lugar de este encuentro, el Estadio Olímpico de aquella Barcelona de 1992, el obispo de la Ciudad Condal ha querido recordar: «Una noche de julio de 1992 aquí se encendió la llama olímpica. Hoy, treinta y cuatro años después, queremos que su presencia entre nosotros encienda la llama de una nueva etapa, capaz de transformar nuestras almas y nuestras vidas para edificar una nueva Barcelona que sea ciudad de Dios, como la quería Gaudí». Sospechábamos que habría latín, y así fue: al término de sus palabras ha sonado un arreglo orquestal del ‘Veni Sancte Spiritus’.
Pasadas las 20:30hs ha entrado, por entre los banquillos del estadio, un crucificado de más de dos metros, precedido de dos diáconos de la diócesis de Barcelona. Alzado sobre el escenario, el estadio Lluís Companys contenía su emoción al son de ‘Tú, el único Rey’, de Tuyo. En esta sinfonía de «vivas» y «viscas», tres jóvenes subían al escenario para compartir con el Santo Padre sus testimonios. Y para escuchar, por encima de todo, las respuestas de un pastor que siempre se hace cercano con sus palabras: «Es en este mundo donde debemos cultivar la inquietud, no en otro. Es dentro de esta sociedad que tú y tantos otros habéis descubierto el valor de una vida más humana, más plena, abierta al encuentro con Dios y a la alegría de la fe. Esto significa que, a pesar de las dificultades, el lugar en el que Dios se hace presente y donde debemos encontrar sus huellas es siempre en la realidad donde nos encontramos».
Las heridas que el mundo esconde
A lo largo de su catequesis con los jóvenes, León XIV ha dado una respuesta serena y cariñosa al problema de la salud mental, que afecta a jóvenes y mayores por igual. En su larga intervención, acordándose de sus inmediatos predecesores –el Papa Francisco y Benedicto XVI–, el Santo Padre ha querido recuperar la profunda certeza de la fe católica: Dios nunca nos abandona, «con Dios, la vida renace siempre». «Hay momentos de oscuridad y de sufrimiento que nuestra sociedad hace callar, porque precisamente algunos modelos culturales nos quieren siempre vencedores y perfectos y, por eso, el límite, la fragilidad y el dolor deben ser eliminados, confinados al silencio ensordecedor de la soledad o incluso de la vergüenza. Y, en estos momentos, podemos pensar instintivamente que también Dios nos haya abandonado. Pero la cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona, que Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema, que Él recoge no sólo nuestras lágrimas, sino el grito de nuestro sufrimiento que otros no escuchan, un grito que Jesús hizo suyo en la cruz, diciendo “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”».
Al tercero de los testimonios, el de Desirée –una joven de 20 años que sufrió las consecuencias de la violencia en su propio hogar–, León XIV ha respondido: «Debemos aprender a mirar el perdón, poderosa medicina contra el mal que sana nuestras heridas interiores, como algo que forma parte de un proceso, de un camino. El mismo Evangelio, si lo leemos como un libro de indicaciones, de mandamientos y de deberes, corre el riesgo de causarnos mucho desánimo y frustración, porque Jesús nos invita al perdón y nosotros experimentamos que no somos capaces. En cambio, no es así. El perdón sobre todo debemos invocarlo del Señor; seguir pidiendo –tal vez durante toda la vida– que el Señor amplíe en nosotros el espacio del amor precisamente allí donde hemos sido heridos, que nos ayude a reconciliarnos con nosotros mismos y con esa parte de nuestra historia marcada por el sufrimiento, que lentamente transforme el resentimiento en misericordia y compasión».
“Somos mendigos de amor”
A las 21:19hs comenzaba ya a refrescar. Caían las temperaturas con la caída de la tarde y la proclamación del Evangelio ha augurado la última intervención del Papa León XIV durante esta Vigilia de Oración. «Nuestro caminar, nuestro desear y todo aquello que abrazamos y vivimos cotidianamente, en las alegrías y en las derrotas, en las aspiraciones y en los proyectos, es la expresión de nuestra búsqueda continua: somos mendigos de amor, tenemos hambre y sed de verdad, buscamos un significado pleno que nos sostenga, nos anime y nos ayude a comprender el misterio de nuestra vida».
En una preciosa meditación sobre las ‘noches’ de nuestra vida, en alusión a esos momentos de cruz y dificultad, de soledad y desilusión, el Santo Padre ha querido inflamar la esperanza de Cristo: «Este “espacio vacío” que la noche crea, aun cuando se presenta bajo la forma del sufrimiento o de la insatisfacción, de la desilusión o de la incredulidad, puede ser ocasión para recibir una nueva vida, para cambiar y renovarse, para “renacer de lo alto”, como dice Jesús a Nicodemo. Dios, en efecto, no ha venido a juzgar el mundo con su pecado y la noche de su infidelidad, sino que ha enviado a su Hijo para salvarlo, para dar al mundo la vida eterna. Por eso, también nosotros estamos llamados a no juzgar las “noches”; ni las noches de nuestra vida, ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea. En la noche, debemos en cambio ponernos en camino como hace Nicodemo, seguir interpelando al Señor, abrirnos al viento del Espíritu para acoger la noche ya no como el signo de un fracaso sino como el inicio de una nueva vida».
La homilía del Santo Padre ha concluido con una petición para España y para nuestra sociedad entera: «Caminemos juntos en la fe que armoniza la diversidad de nuestras ideas y sensibilidades, para buscar la verdad que nos guía hacia el bien común, para que este país sea un espacio acogedor para todos, donde cada uno es respetado en su dignidad de persona y amado por lo que es». Y entonces han vuelto los aplausos, los ‘vivas’ y el estruendo de los 40.000 peregrinos que, cinco horas y media después de su entrada al estadio, todavía custodiaban las ultimas fuerzas para saludar a su pastor.
El instante en que Montjuïc enmudeció
Unas últimas sorpresas aguardaban a todos los peregrinos. Tras la proclamación de las peticiones –«por la paz desarmada y desarmante», «para que se sequen las lágrimas», «para que, como el Buen Samaritano, sepamos compartir lo que somos y tenemos»– y el rezo del Padrenuestro en catalán, León XIV ha impartido su bendición sobre las 40.000 almas que llenaban el Lluís Companys. Apenas unos segundos después una marea de niños, todos ellos ataviados con sus hábitos blancos, inundaban el escenario: la Escolanía de Monserrat aparecía así por sorpresa ante un estadio celebrativo para cantar el Virolai. León XIV, pétreo e inamovible, se ha situado ante la talla de la Moreneta. Y todos nosotros con él.
Junto a la Escolanía, ha subido por una de las escaleras laterales el cantante de Sabadell, Sergio Dalma. Acaso uno de los músicos catalanes más internacionales, con el coro de voces blancas, la voz rasgada de Dalma y un espectáculo de linternas improvisado por los peregrinos, ha culminado una Vigilia vibrante, primer encuentro multitudinario de León XIV durante la segunda etapa de su Visita Apostólica a España y prólogo de la bendición de la Sagrada Familia. Con el himno oficial, y alzando la mirada a un cielo completamente oscurecido –21:55hs de la noche–, el Santo Padre abandonaba el escenario. Barcelona, ciudad bulliciosa, hoy sí se ha detenido. Ha hecho silencio para escuchar el manso rugido de León XIV.
Texto: Pablo Mariñoso de Juana






