- La parroquia de Santa Uxía de Ribeira acogió los actos centrales de sensibilización de la Campaña de Manos Unidas.
- El arzobispo de Santiago, mons. Francisco Prieto, apeló al compromiso diario frente a la indiferencia.
La parroquia de Santa Uxía de Ribeira se convirtió el viernes 6 en escenario de una jornada de concienciación y compromiso solidario con motivo de la 67ª campaña de Manos Unidas contra el hambre, que este año llevó por lema “Declara la guerra al hambre”. La convocatoria, enmarcada en la Jornada del Ayuno Voluntario, reunió a voluntarios y fieles en una programación orientada a la concienciación social, la reflexión cristiana y el apoyo a las personas más vulnerables.
Los actos comenzaron a las 18:45 horas con la presentación de la Campaña 2026 de Manos Unidas. Posteriormente, a las 19:00 horas, se celebró la eucaristía presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, y concelebrada por el párroco, Alfonso Mera Nogueiras, y por el Consiliario de Manos Unidas de la Vicaría de Santiago, José Manuel Iglesias Prado.

Una invitación a convertir la fe en compromiso
En la homilía, el arzobispo agradeció de manera especial la labor de los voluntarios de Manos Unidas y la acogida de la parroquia de Santa Uxía, destacando el valor del trabajo constante de quienes sostienen la campaña. Subrayó que la propuesta de “declarar la guerra al hambre” se dirige contra las situaciones de injusticia, y la presentó como una llamada a que cada creyente hiciera de su vida un compromiso real.
El arzobispo señaló que la lucha contra el hambre pasa por promover la justicia y la paz. Y añadió que las diversas formas de hambre solo se reducen con un compromiso verdadero e invitó a los fieles a examinar su vida a la luz del Evangelio y la coherencia de sus acciones.
Más allá de la falta de alimentos
Monseñor Prieto también recordó que el hambre también se manifiesta en la falta de justicia, vivienda, trabajo y derechos básicos para una vida digna. Añadió que la soledad y la ausencia de acompañamiento son otras formas de pobreza hoy muy presentes.
El arzobispo alertó del riesgo de la indiferencia y de la comodidad, e invitó a no mirar hacia otro lado ante el sufrimiento ajeno. Retomando la pregunta bíblica “¿Dónde está tu hermano?”, subrayó la responsabilidad de cada persona hacia los demás.
En este sentido, animó a mirar a quienes están cerca y pueden necesitar ayuda, y recordó que la fe cristiana exige coherencia entre la Eucaristía y la atención a quienes carecen de lo necesario.
Manifiesto contra el Hambre
La programación prosiguió a las 20.00 horas con la lectura del Manifiesto contra el Hambre por parte de varios participantes. El texto subrayó que apostar por los derechos humanos, el bien común y la justicia social es clave para construir sociedades pacíficas y prósperas, y advirtió de un retroceso global en materia de paz, con 59 conflictos armados activos y millones de personas afectadas por la pobreza y la fragilidad institucional. También denunció la escasa inversión en procesos de paz frente al gasto militar y reclamó mayor implicación de gobiernos y ciudadanía, así como una educación para la paz basada en la fraternidad y la convivencia. El manifiesto recordó además que el hambre puede convertirse en “un arma silenciosa” en los conflictos y apeló a la responsabilidad colectiva para erradicarla.

La jornada concluyó a las 20.30 horas con un “arroz solidario”, dentro de la llamada Cena del Hambre, un gesto simbólico que evocó la realidad de quienes ayunan por necesidad. Los donativos recogidos se destinaron a proyectos apoyados por Manos Unidas.
Una carta pastoral centrada en la dignidad humana
Con motivo de esta Jornada de Manos Unidas, el arzobispo de Santiago ha escrito una carta pastoral en la que pone el foco en una de las realidades más dolorosas y urgentes de nuestro tiempo: el hambre que sufren millones de personas en el mundo y que constituye una grave herida para la dignidad humana.
A la luz de la Palabra de Dios y del magisterio social de la Iglesia, el arzobispo recuerda que la lucha contra el hambre no es solo una cuestión asistencial, sino un compromiso de justicia y de amor fraterno que interpela directamente a la conciencia cristiana.
Esta carta es, por tanto, una llamada a toda la comunidad diocesana a unir oración, formación y compromiso concreto para trabajar por un mundo más justo y solidario, en el que nadie carezca del pan necesario para vivir con dignidad.







