Recordaba el Papa que “la esperanza es una virtud pobre, porque se presenta con las manos vacías; son manos libres para abrir las puertas que parecen cerradas por el cansancio, el dolor y la desilusión.”
Quiere el Papa centrarnos en “nuestra humanidad común y nuestra creencia en un Dios de amor y misericordia”, porque “cuanto más promovamos la unidad y el entendimiento auténticos, el respeto y las relaciones humanas de amistad y diálogo en el mundo, mayor será la posibilidad de que dejemos a un lado las armas de la guerra, de que dejemos de lado la desconfianza, el odio, la animosidad que tantas veces se ha acumulado y que encontremos formas de unirnos y ser capaces de promover la paz y la justicia auténticas en todo el mundo.”
Frente a aquellos que usan la religión para separar recuerda el Papa que todos los textos sagrados del cristianismo, judaismo y del Islám usan el olivo como “símbolo atemporal de reconciliación y paz. Su longevidad y su notable capacidad para florecer incluso en los entornos más hostiles, simbolizan la resistencia y la esperanza, reflejando el firme compromiso necesario para fomentar la coexistencia pacífica. De este árbol fluye aceite que sana, un bálsamo para las heridas físicas y espirituales, manifestando la infinita compasión de Dios por todos los que sufren. Su aceite también proporciona luz, recordándonos la llamada a iluminar nuestros corazones mediante la fe, la caridad y la humildad.”
La paz que promueve la Iglesia es la búsqueda de la unidad en el mundo a través del diálogo humilde porque “La paz no es auténtica si es sólo fruto de intereses particulares; es verdaderamente sincera cuando yo hago al otro lo que quisiera que el otro hiciera conmigo” Y ya para el día a día nos propone el Papa promover la confianza en el prójimo ante el interés individual; y la dedicación hacia el otro ante el propio beneficio. Para evitar convertir en superficiales palabras bellísimas como “amistad” y “amor”, “que a menudo se confunden con un sentido de satisfacción egoísta.” Y dirá “ Si en el centro de una relación de amistad o de amor está nuestro yo, esa relación no puede ser fecunda. Del mismo modo, no se ama de verdad si se ama con fecha de caducidad, mientras dura un sentimiento. Un amor con vencimiento es un amor mediocre. Al contrario, la amistad es verdadera cuando dice “tú” antes que “yo”. Esta mirada respetuosa y acogedora hacia el otro nos permite construir un “nosotros” más grande, abierto a toda la sociedad, a toda la humanidad. Y el amor es auténtico y puede durar para siempre sólo cuando refleja el esplendor eterno de Dios, de Dios que es amor (cf.1 Jn 4,8). Las relaciones sólidas y fecundas se construyen juntos, sobre la confianza recíproca, sobre ese “para siempre” que palpita en toda vocación”
Son muchos los mensajes del Papa sobre cómo debemos cada uno participar en la búsqueda de un diálogo que lleve a la paz, pero se pueden resumir en lo ya dicho, podemos ser el olivo que crece en cualquier entorno, cuyo aceite es bálsamo para las heridas físicas y espirituales y que puede ser usado para proporcionar luz allí en dónde está.
Y no un olivo cualquiera sino uno que “no esté ocupado por intereses egoístas y preocupaciones materiales, sino que esté despierto, atento a los demás, a los necesitados; que esté dispuestos a escuchar el canto de amor de Dios, que es Jesucristo. Sí, Jesús es el canto de amor de Dios por la humanidad. ¡Escuchemos este canto! Aprendámoslo bien, para poder cantarlo también nosotros con nuestra vida.”
Feliz Navidad 2025
María Puy






