Mons. Francisco Prieto: “Detengámonos y miremos al Señor en el hermano enfermo, herido y olvidado”

  • La Jornada Diocesana del Enfermo reunió en A Coruña a a miembros de la comunidad y personas vinculadas al cuidado y acompañamiento de los enfermos en una celebración centrada en el cuidado y la compasión.

Hoy viernes 13 de febrero, a las 20:00 horas, se celebró la Jornada Diocesana del Enfermo en la Parroquia de San Antonio, una Eucaristía que reunió a enfermos, fieles,  profesionales sanitarios y familias.

La misa estuvo presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, mons. Francisco José Prieto Fernández, y contó con la concelebración del vicario territorial de A Coruña, Severino Suárez Blanco; el párroco anfitrión, Ramón Caamaño Pacín; y otros sacerdotes de la ciudad de A Coruña.

Durante la homilía, el arzobispo reflexionó ampliamente sobre el sentido cristiano del cuidado de los enfermos y la fragilidad humana. Subrayó la importancia de la “unción” como signo de cercanía y consuelo, recordando que ungir implicaba aproximarse, tocar y atender la herida del otro con suavidad y respeto.

El arzobispo invitó a los fieles a no desentenderse del dolor ajeno y a reconocer a Cristo en el enfermo, en el olvidado y en quien sufre.

También recordó mensajes dirigidos a los enfermos por el Papa Francisco y por el Papa León, subrayando la dedicación de la Iglesia a una compasión que se manifiesta en gestos concretos de acompañamiento: “Dios no responde al dolor con teorías, sino con presencia y cercanía”.

Uno de los momentos más emotivos de la celebración fue la administración del sacramento de la unción de enfermos a un grupo de personas. El arzobispo explicó que este sacramento no debe entenderse como algo exclusivo del final de la vida, sino como una ayuda espiritual para cualquier persona que atraviese la enfermedad, independientemente de su edad. La unción, señaló, expresa el amor misericordioso de Dios que sostiene, fortalece y acompaña en la fragilidad.

La eucaristía puso el broche final a la Semana de formación permanente de adultos organizada por la parroquia de San Antonio con la colaboración de la Delegación de Desarrollo Humano Integral.

Las jornadas ofrecieron espacios de reflexión y diálogo sobre el cuidado de la vida frágil, el acompañamiento en la enfermedad y el final de la vida, desde una perspectiva humana, ética y cristiana. Inspiradas en la figura del buen samaritano, buscaron promover una cultura del cuidado y de la esperanza.

Con la misa de acción de gracias de hoy, la parroquia cerró una semana que buscó, según sus organizadores, aprender a cuidar sin abandonar, acompañar con compasión, sostener la esperanza hasta el final de la vida y con la invitación a no “pasar de largo” ante el sufrimiento del prójimo.