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Monseñor Barrio en la clausura del ciclo de conferencias de la Archicofradía: “El Año Santo redescubre el lenguaje de lo divino y aviva la esperanza”

El arzobispo, monseñor Julián Barrio, tras inaugurar en la mañana de este jueves el IX Congreso de Acogida Cristiana en el Camino, clausuró por la tarde el ciclo de conferencias que con motivo del Año Santo Compostelano organizó la Archicofradía Universal del Apóstol Santiago. La conferencia, que se celebró de forma telemática, tuvo por título El lenguaje divino de la esperanza en el Año Santo y pudo seguirse a través del enlace difundido en la página web de la Archicofradía.

En su intervención, monseñor Barrio apeló a la esperanza tras haber vivido y experimentado los sufrimientos provocados por la pandemia. “Esta pandemia”, indicó, “nos ha hecho más conscientes de la vulnerabilidad de nuestras vidas. No es necesario ahondar en los sufrimientos derivados, que para muchos peregrinos se han convertido en parte de equipaje para el camino”. Frente a ello, el arzobispo señaló que “el Año Santo redescubre el lenguaje de lo divino y aviva la esperanza que no es un ingenuo  optimismo basado en el cálculo de posibilidades y que nos lleva a edificar el presente y a proyectar el futuro desde la verdad auténtica del hombre, desde la libertad que respeta la verdad y nunca la hiere y desde la justicia para todos comenzando por los pobres y débiles, buscando echar raíces en el suelo firme y estable de lo sagrado”.

Don Julián aseguró que “el peregrino a Santiago camina con la Iglesia para ser tocado por la Palabra de Dios y así ser sal, levadura y luz para los demás. Quiere reavivar su bautismo y aplicar el oído al corazón donde somos lo que somos. El Pórtico de la Gloria le recuerda que ha venido para el encuentro con el Resucitado. Ha seguido con sus propios pasos la huella que dejaron otros, la fe de la Iglesia. Llegando a Santiago se encuentra con el cimiento del testimonio apostólico. El final de la peregrinación es la Casa del Señor Santiago, pero la meta es la libertad del corazón, la dichosa libertad de los hijos de Dios a la que el Padre llama. Al peregrinar los ojos deben estar siempre fijos en esa meta, haciendo de la peregrinación un camino de transformación de la mente y del corazón”.

“El peregrino”, manifestó el arzobispo, “trata de liberarse de ilusiones, quiere deshacer los prejuicios del corazón, y desea ser libre. Peregrina para dejarse encontrar por Cristo que vive, recorriendo con los pasos de su libertad la conversión que hizo Santiago, el joven pescador de Galilea” y por eso es importante para el creyente recordar lo que el papa Francisco indica: “El Papa no nos apremia a un cambio por el cambio. Nos advierte que hemos de llevar bien pegada a nosotros la lámpara del discernimiento, para que seamos fieles al Evangelio estando atentos a los signos de los tiempos. “Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento”[1]. Es verdad, si no nos dejamos guiar por esa luz, nos expondremos a las mareas, cambiantes y efímeras, de las ideologías y de estilos pastorales que en lugar de métodos se hacen fines en sí mismos”, dijo monseñor Barrio.

Y añadió: “Convirtámonos por el Espíritu en piedras vivas de una Iglesia que peregrina cada día gracias a la Palabra. Una Iglesia implicada en la realidad concreta y atenta para colaborar entusiasta y sin demora en el futuro que Dios ya realizó en Cristo. Desde ese futuro, seamos, fermento, y, a la vez, cuestionamiento para esta sociedad. Cuánto más complejos son nuestros desafíos, son una oportunidad que no podemos desperdiciar si los afrontamos desde el cimiento de valores que nos dieron origen y desarrollo. Hay cantos de sirena que incitan a resetear nuestra historia, nuestra cultura e incluso nuestra naturaleza humana desde cero. Sin embargo, “el hombre no se crea a sí mismo, es espíritu y voluntad, pero también naturaleza”[2].

Para el arzobispo, “la esperanza se recorre con sandalias nuevas”. Se trata de una esperanzar que “no puede nacer de la opulencia ni tampoco de una Iglesia acomodada en la autoconservación, orgullosa del prestigio y reconocimiento de los hombres. Por eso, las sandalias nuevas de la Iglesia son las de la esperanza, porque facilitan el caminar, y “pisar” aclamaciones o rechazos al seguir a Jesús, sin desviarnos ni a izquierda ni a derecha de la misión del servicio a los hombres”.

[1] Francisco, Gaudete et exultate, 167.

[2] Francisco, Laudato si, 6. En este mismo sentido, ya el Concilio Vaticano II en su Gaudium et spes, 53: “Siempre que se trata de la vida humana, naturaleza y cultura están en la más íntima conexión”.

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