Pascua Xoven de Arousa: donde la fe se vuelve encuentro y el amor, camino

Arousa volvió a latir con un pulso joven este fin de semana. Entre el rumor cercano del mar y una primavera adelantada que se coló sin pedir permiso, la 53ª edición de la Pascua Xoven Arousa desplegó su abrazo colectivo, reuniendo a centenares de jóvenes bajo un mismo latido: aprender a amar mejor.

El viernes 17 de abril, al caer la tarde, comenzaron a llegar. Mochilas al hombro, saludos tímidos que pronto se hicieron risas, miradas que buscaban complicidad. Entre las 18:00 y las 20:30, el recinto fue llenándose de historias por escribir. La acogida no fue solo logística; fue casi un rito: el primer paso de una convivencia que este año se articula en torno a un verbo sencillo y radical: “Amade”.

Arropados por la energía musical de “Xentes daquí e dacolá”, entre guitarras y voces se fue hilando un fin de semana con pulso joven.

La noche avanzó entre dinámicas y juegos que tejieron vínculos invisibles. Y a las 23:30, en el pregón pascual, se abrió el horizonte de esta edición: un amor que no se queda en lo abstracto, sino que se enfrenta al odio, al racismo y a la xenofobia. “Debemos amarnos unos a otros si realmente queremos ser hermanos de todos”, recordó Manuel Couceiro Cachaldora, evocando el eco antiguo y siempre nuevo de Jesús de Nazaret. La jornada se apagó en silencio, entre oración y recogimiento, como quien guarda una llama.

El sábado amaneció con luz dorada y temperaturas impropias de abril, como si el tiempo también quisiera participar. Desde primeras horas, la rutina del encuentro se transformó en un ritmo compartido donde cada gesto parecía tener un sentido más amplio. La mañana avanzó entre trabajos en grupo y reflexiones que buscaban aterrizar el lema en la vida cotidiana.

Ya por la tarde, los “Pascua-K Fe” abrieron espacios de diálogo donde la palabra se volvió puente. Voces distintas, pero en sintonía: el Equipo de Pastoral Penitenciaria de la diócesis, la mirada narrativa de Luísa López y la experiencia social de María Cendán Castillo. Historias de acompañamiento, de dignidad, de amor que se hace concreto en los márgenes.

Uno de los momentos más esperados llegó con el testimonio de Toño Casado, cuya intervención dejó un poso de emoción compartida. Sus palabras, a medio camino entre la fe y el arte, resonaron en un auditorio atento, casi en silencio, como si cada uno encontrase en ellas un espejo.

La noche trajo consigo el “Camiño de Emaús”, símbolo de búsqueda y encuentro, antes de desembocar en el corazón de la jornada: la Eucaristía en la iglesia de A Xunqueira. A medianoche, bajo una atmósfera vibrante, el arzobispo de Santiago, mons. Francisco José Prieto Fernández, presidió una celebración que fue tanto liturgia como celebración de vida.

En su homilía, el arzobispo invitó a los presentes a mirar el sepulcro vacío no como un final, sino como un comienzo: el de una esperanza que transforma. Habló de dignidad, de justicia social, del cuidado de la casa común. Pero, sobre todo, lanzó preguntas, de esas que no se responden rápido y que acompañan durante tiempo.

La madrugada cerró la jornada, pero no el eco. Con más de medio siglo de historia, la Pascua Xoven Arousa sigue siendo algo más que un encuentro: es un espacio donde la fe se vuelve conversación, donde la juventud se reconoce en el otro y donde, por unos días, amar deja de ser una idea para convertirse en experiencia compartida.

Y mientras el sol volvía a salir sobre la ría, quedaba flotando una certeza sencilla: en Arousa, cada primavera, la esperanza encuentra voz joven.