Los Scouts Católicos de Galicia se reúnen en Santiago para compartir la Luz de la Paz de Belén

  • Más de 350 personas participaron en una celebración marcada por los valores cristianos, la convivencia y el compromiso solidario

Un año más, Santiago de Compostela se convirtió en punto de encuentro para los Scouts Católicos de Galicia con motivo del tradicional reparto de la Luz de la Paz de Belén.

Es una llama encendida en la cueva donde la tradición cristiana sitúa el nacimiento de Jesucristo, y que desde 1987 recorre un largo camino hasta llegar a distintos países. Cada año, un niño scout, acompañado de un guía, viaja desde Viena hasta Belén para recoger esta luz. Una vez en la capital austríaca, la llama se distribuye por toda Europa y otros puntos del planeta como signo universal de paz.

Este año, la Luz llegó a España el pasado fin de semana a la ciudad de Oviedo, donde responsables scouts y un grupo de jóvenes participaron en una multitudinaria celebración para recogerla y trasladarla posteriormente a Santiago de Compostela. Fue el sábado día 20 cuando tuvo lugar el acto central de reparto en Galicia, considerado el corazón de todas las actividades desarrolladas durante el fin de semana.

La jornada comenzó desde primera hora de la mañana con la participación de los chicos y chicas scouts en diversos talleres organizados por edades. A través de dinámicas y actividades educativas, se trabajaron el significado de la luz, el mensaje de la Paz de Belén y los valores cristianos que esta tradición representa: la solidaridad, el compromiso, el servicio y la fe vivida en comunidad.

Tras compartir la comida en un ambiente festivo y de convivencia, llegó uno de los momentos más esperados del encuentro. A las cinco de la tarde daba comienzo la celebración del reparto de la Luz de la Paz, presidida por el señor arzobispo, acompañado por varios sacerdotes y un diácono. El acto, profundamente sentido y lleno de simbolismos, reunió a unos 350 participantes, entre scouts de toda Galicia, catequistas y miembros de distintas parroquias.

Durante la celebración, el arzobispo animó a los presentes a “ser luz allí donde se encuentren” y a compartir esa luz que, en palabras de la Iglesia, es Jesús mismo. Los jóvenes scouts tuvieron un papel activo a lo largo de toda la liturgia, reforzando el carácter participativo y comunitario del encuentro. Al finalizar, la llama fue distribuida entre todos los asistentes, quienes se comprometieron a llevarla a sus hogares, parroquias y lugares de destino para continuar difundiendo su mensaje.

La actividad no terminó ahí. A lo largo de la tarde, los scouts se desplazaron a distintos espacios asistenciales y de caridad de la diócesis compostelana para compartir la Luz de la Paz con quienes más lo necesitan. Entre los lugares visitados se encontraban la Cocina Económica, el albergue Juan XXIII y la Casa Sacerdotal, donde residen sacerdotes ya retirados.

Ya entrada la noche, tras la cena, los chicos salieron a las calles de la ciudad para encontrarse con personas sin hogar. Con sencillez y cercanía, les llevaron un bizcocho, les desearon las buenas noches y, sobre todo, compartieron tiempo y conversación con ellos. Fueron encuentros especialmente conmovedores, en los que algunas de estas personas se abrieron, compartiendo sus historias y explicando cómo y por qué habían llegado a vivir en la calle. Estos testimonios impactaron profundamente a los chavales, que vivieron la experiencia como una auténtica lección de humanidad y empatía.

Posteriormente tuvo lugar una de las actividades más significativas del fin de semana: la denominada “vela de la luz”. Esta vigilia nocturna, que se viene realizando en los últimos años, consiste en velar durante toda la noche para que la Luz de la Paz de Belén no se apague. Organizados en turnos, los scouts participaron en momentos de oración, diálogo, reflexión y contemplación ante la llama, inspirándose tanto en la vela de armas de los caballeros medievales como en las vigilias cristianas, que invitan a permanecer despiertos a la espera del nacimiento de la luz del nuevo día, símbolo de la vida que Dios ofrece.

Ya en la mañana del domingo, tras el desayuno, los participantes regresaron a sus lugares de origen para integrarse en la Eucaristía dominical de sus parroquias. Después de la misa, la Luz de la Paz fue repartida por los distintos territorios parroquiales, extendiendo así el mensaje vivido durante el encuentro a comunidades, familias y vecinos.

Para muchos de los asistentes, la experiencia fue “preciosa” y profundamente enriquecedora, no solo por el significado religioso de la Luz de Belén, sino también por la oportunidad de compartir, servir y convivir. Una vez más, el escultismo católico gallego demostró que tradición, fe y compromiso social pueden caminar de la mano, iluminando con pequeños gestos un mundo que sigue necesitando señales de paz.