Pontevedra celebra la festividad de la Virgen Peregrina

  • El arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto, preside la solemne Eucaristía en la basílica de la Peregrina ante cientos de fieles y representantes institucionales.
  • El prelado invita a seguir el ejemplo de María para caminar con esperanza, confianza y espíritu de servicio.
  • La jornada festiva culmina con la tradicional procesión de la patrona por las calles del centro histórico de Pontevedra.

Pontevedra celebró este domingo la festividad de la Virgen Peregrina, patrona de la provincia. El acto central fue la Solemne Eucaristía celebrada en la basílica de la Peregrina y presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández. A la celebración asistieron la conselleira de Vivenda e Planificación de Infraestruturas, María Martínez Allegue; el presidente de la Diputación, Luis López; el presidente y miembros de la Junta Directiva de la Cofradía de la Peregrina, además de autoridades civiles y militares, representantes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, miembros de la vida consagrada y numerosos fieles llegados de distintos puntos de la provincia.

En su homilía, el prelado situó la figura de María como «Virgen peregrina» en el centro de su reflexión y la presentó como una imagen de la propia vida cristiana: un camino que no se recorre en solitario y que encuentra en Cristo su referencia fundamental.

A partir de las lecturas proclamadas durante la celebración, monseñor Prieto invitó a recuperar el valor del silencio y de la escucha en una sociedad sometida al ruido, a la inmediatez y al enfrentamiento. El episodio del profeta Elías, que encuentra a Dios no en la fuerza del huracán, el terremoto o el fuego, sino en «el susurro de una brisa suave», le sirvió para reivindicar una presencia divina que no se impone, sino que se descubre «en lo discreto, en lo sencillo, en el silencio».

El arzobispo vinculó esta enseñanza con María, a quien definió como una mujer que supo escuchar antes de hablar y acoger antes de actuar. Su disponibilidad ante Dios, señaló, constituye también una invitación para una sociedad que necesita espacios para encontrarse consigo misma, con los demás y con el Señor.

Testigos de la esperanza.

El relato evangélico de los discípulos en medio de la tormenta permitió al arzobispo establecer un paralelismo con las incertidumbres del presente: la preocupación por el futuro de las familias y los jóvenes, la soledad de muchos mayores, las guerras y las divisiones sociales.

Frente a ese escenario, monseñor Prieto puso el acento en las palabras de Jesús a los discípulos: «Ánimo, soy yo. No tengáis miedo«. Una expresión que, según explicó, sigue definiendo la misión de la Iglesia.

El arzobispo defendió que la Iglesia y los creyentes están llamados a ser «testigos de una esperanza», una esperanza que tiene en Jesucristo su fundamento y que invita a afrontar el camino de la vida con confianza y serenidad.

La figura de Pedro, que comienza a hundirse cuando aparta la mirada de Jesús y se fija en el viento y las olas, sirvió también al prelado para advertir del riesgo de dejarse paralizar por las dificultades. La respuesta del apóstol, «Señor, sálvame», fue presentada como una de las oraciones más sencillas y profundas del Evangelio: el reconocimiento de que el ser humano necesita ser sostenido.

En esa misma clave situó a la Virgen Peregrina, que, según explicó, no ocupa el centro para sí misma, sino que acompaña y conduce hacia Cristo.

Una llamada a cuidar a los más frágiles y a construir el bien común.

El arzobispo subrayó asimismo que la fe no puede conducir a la indiferencia. Al recordar las palabras de san Pablo, destacó que quien ama a Dios está llamado también a amar a las personas, «especialmente a las almas frágiles».

En este punto, extendió su mensaje a toda la sociedad pontevedresa. Aunque cada ámbito tenga responsabilidades diferentes, afirmó que todos están llamados a trabajar por el bien común, la dignidad de cada persona, la justicia, la solidaridad y la paz.

La Virgen Peregrina, añadió, invita precisamente a caminar juntos. El camino de Santiago que atraviesa la provincia se convirtió así en una imagen de convivencia y encuentro: hospitalidad, respeto, paciencia y ayuda. «Nadie llega solo», recordó, antes de reclamar que la sociedad vuelva a reconocerse como un conjunto de compañeros de camino.

Ofrenda y procesión por el centro histórico.

La celebración religiosa incluyó también la tradicional ofrenda a la Virgen Peregrina, que este año corrió a cargo del vicepresidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Domínguez.

En su intervención, Domínguez puso el acento en el cuidado de las personas, la defensa de la cultura y el patrimonio y la necesidad de situar el bien común por encima de los intereses particulares. También pidió por quienes atraviesan situaciones de enfermedad, soledad o pérdida y reivindicó el servicio público como una responsabilidad basada en la honestidad y el compromiso.

La jornada concluyó por la noche con la procesión de la Virgen Peregrina por las calles del centro histórico de Pontevedra. La imagen, acompañada por monseñor Prieto, cofrades, autoridades, cuerpos uniformados y numerosos fieles, recorrió la ciudad entre música tradicional y oraciones.